Un Enfoque Psicosocial para la Formación Permanente del Profesorado.
Existen
diversos enfoques teóricos para entender el aporte de la formación permanente a
los profesores en términos profesionales. Cualquier acción formativa, por
tanto, exige la adopción de un enfoque. En este caso, se ha privilegiado una
línea teórico metodológico de origen psicosocial sustentada en tres dimensiones
fundamentales: la conceptualización referida a la formación permanente, la
competencia genérica y la innovación como mecanismo de transformación de la
práctica pedagógica.
A continuación se presenta una síntesis conceptual de
estos componentes:
La
Formación Permanente como aprendizaje de un adulto. En el proceso de
aprendizaje, el educador se involucra con todas sus dimensiones, constituyéndose
el pensamiento crítico en un eje articulador del aprendizaje, y se asume como
un proceso inspirado y dialéctico de indagación sobre el objeto de
conocimiento, así como de las maneras en que el sujeto se relaciona con dicho
objeto.
En
este proceso de indagación se va modificando la relación del sujeto con el
objeto, conformándose un proceso espiral en que el profesor, desde sus marcos
de referencia, se acerca al objeto, modificando en parte éstos, con los cuales
se acercará nuevamente al objeto, produciéndose un proceso continuo de
modificación.
El aprendizaje consistiría en la capacidad de
mantener una permanente revisión de su Esquema Conceptual Referencial Operativo
(ECRO). Se trataría de aprender a mantener un esquema referencial dinámico y
flexible, como mecanismo que va continuamente creando, modificando y
perfeccionando al docente. Desde el contexto
formativo, el aprendizaje docente está relacionado con la realidad
intercultural y profesional en que éste aprende. Así, el aprendizaje se logra
al indagar. Esto implica interpretar e interpelar la cotidianidad,
problematizándola constantemente para introducir una distancia adecuada entre
el sujeto y el objeto que se transforma de este modo en sujeto cognoscente.
Aprender implica conciencia y reflexión frente a mecanismos de acción
irreflexiva y representación acrítica.
Esta
criticidad a la cotidianidad se realiza experimentándola y viviéndola, donde la
práctica se constituye como primer momento de todo proceso de conocimiento,
pero también estableciendo una ruptura con la familiaridad acrítica, con el
mito de lo obvio y lo natural, con el sistema de representaciones que la
muestra como lo real y autoevidente.
En
consecuencia, el proceso de aprendizaje del docente es visto como un aprender a
aprender, que se configura en el modelo de organización y significación de sus
experiencias, sensaciones, emociones y pensamientos, construyendo prácticas de
enseñanza que articulen su labor profesional.
De
esta manera la formación permanente es definida como un proceso político
ideológico que apela al protagonismo del docente en la continua ampliación de
la visión de mundo (interno y externo) inherente a su labor profesional.
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